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La Mujer en la Economía Social

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Desde el  campo hasta  la ciudad existen mujeres trabajadoras interesadas en mejorar la calidad de vida de sus familias, con su trabajo impulsan cambios en sus vidas y comunidades que transforman la economía en un instrumento de negociación solidario y lleno de valores.

La participación de la mujer en la agricultura, la industria, el hogar o el comercio informal ha impulsado una revalorización de lo que es la economía solidaria, desde la óptica femenina se crecen los beneficios de trabajar en conjunto para obtener mejores resultados, de hecho son las mujeres las que encabezan una forma de trabajo conjunta como sistema de logras mayores utilidades dentro del comercio.

Las artesanas son un ejemplo en toda Latinoamérica de cómo se puedes trascender con el trabajo organizado y ayuda de las instituciones solidarias con el mismo.  

La economía solidaria revaloriza no solo el trabajo de la mujer y los hombres sino también da una oportunidad para organizar, colaborar, impulsar y provocar los cambios políticos y sociales que con urgencia necesitan de otro paradigma de sostenibilidad en la vida de las comunidades, construyendo caminos para lograrlo.

La trayectoria de las cooperativas fundadas en principios y valores es el canal idóneo para impulsan cambios concretos en las vidas de las personas y de sus comunidades, en la economía, la política y las relaciones sociales, cambiar la economía en el sentido de que esta se base en los valores de la solidaridad, la reciprocidad, la justicia y la igualdad es un reto permanente que demos asumir todos y todas.

La intervención de las mujeres en la economía solidaria posibilita la generación de ingresos para sus familias transformando así su calidad de vida, las involucra en un proceso de organización en el que ellas son sujetos sociales.

Favorece la edificación de la autonomía de las mujeres, en sus múltiples dimensiones, como la autonomía económica y la autonomía personal y política. El logro de la autonomía es un reto en la búsqueda de igualdad, y en ese proceso hay espacios tanto individuales como colectivos.

Los aportes están ahí son visibles y cuantificables, desde el trabajo no remunerado como lo es el cuido de hogar, infantes y envejecientes, permitiendo así que otros  miembros puedan ser proveedores económicos de la familias, hasta el de autogestión de micro, pequeña o mediana empresa,  sus aportes a la organización de la  economía solidaria son evidentes para los gobiernos, las empresas y sus conciudadanos.

Las mujeres tienen  su participación no sólo desde el punto de vista de la remuneración económica, sino que valoran el aprendizaje, la convivencia, la posibilidad de tratar temas como la violencia contra las mujeres y los infantes o la salud reproductiva. En general, las mujeres participantes se sienten más fuertes, valorizadas, con mayor autoestima por su conocimiento y su capacidad de innovar a partir de lo mínimo.

La revalorización del trabajo de la mujer partiendo de la equidad que todos merecemos debe ser el norte de todo el movimiento cooperativo, es bien sabido que cuando las mujeres progresan, progresan las familias y con ellas sus comunidades y la nación.

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Proverbios 31:10